Granjas verticales, ¿la próxima revolución en agricultura?

Agricultura | 08/11/2016

Las crecientes necesidades alimenticias de la población, unida a un mayor desarrollo tecnológico en materia agrícola están haciendo realidad espectaculares proyectos como las granjas verticales.
Las granjas verticales son un buen ejemplo de cómo la agricultura se ha convertido en un gran campo para innovar y emprender
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Hace pocos meses una de esas noticias ‘raras’ daba la vuelta al mundo: Japón crea una granja vertical capaz de producir 30.000 lechugas al día. A partir de ahí comienzan las dudas: ¿Qué es una granja vertical? ¿Cómo es posible que produzca esa cantidad de alimentos en un solo día? ¿Tiene esto algo que ver con la agricultura urbana? Respondamos poco a poco a cada pregunta.

Qué son las granjas verticales

A nadie se le escapa que la tecnología está cambiando la agricultura. De un relativo estancamiento a mediados del siglo XX se ha pasado a una evolución constante en estos primeros compases del siglo XXI. Drones, agricultura de precisión, impresión 3D… estas y otras muchas innovaciones llegan justo a tiempo, ya que la demanda mundial de alimentos exige cada vez métodos más refinados que aumenten la producción y que garanticen un desarrollo sostenible.

Aquí es donde entra en juego el concepto de granja vertical, una de las aristas de la denominada agricultura urbana que va camino de convertir nuestras ciudades en auténticos huertos.

Las granjas verticales son edificios diseñados y construidos principalmente para el cultivo de alimentos. Toda su estructura está diseñada para proporcionar los elementos necesarios para la producción agrícola, desde avanzados sistemas de riego como la hidroponía hasta soluciones de iluminación interior que sustituyan la necesidad de luz natural. Es, en definitiva, un gran campo de cultivo situado de manera vertical en un edificio de varias plantas.

Estas granjas verticales suenan tan ambiciosas como técnicamente difíciles de llevar a cabo. Y sin embargo, ya hay países que están apostando por su desarrollo como una solución de alimentación y una novedosa forma de generar riqueza y empleo. No les faltan motivos.

Las virtudes de las granjas verticales

No es casualidad que Japón haya sido uno de los primeros países en apuntarse a desarrollar las granjas verticales. El país del Sol Naciente tiene un gravísimo problema de escasez de suelo, por lo que tiene que buscar soluciones imaginativas tanto para dar cabida a su población como a sus cultivos.

En este sentido, las granjas verticales son un recurso perfecto ya que permiten obtener una importante producción agrícola en una extensión de terreno muchísimo menor que la que requiere un cultivo tradicional. No es solo cambiar el ancho por el alto, la granja vertical también se basa en perfeccionar la producción de alimentos para cultivar más en menos espacio y de manera más rápida.

Esta forma de producción tiene una ventaja innata. Al estar situados estos edificios dentro de la propia ciudad, se acortan los tiempos de distribución y los intermediarios, lo que puede repercutir positivamente en el precio de los alimentos y en su frescura.

Pero además, si hay una característica que tiene ‘encandilados’ a quienes apuestan por este tipo de agricultura futurista es la posibilidad de eliminar, de un plumazo, el riesgo de plagas. Al ser cultivados en la propia ciudad este riesgo se elimina. Y algo similar ocurre con los temporales e inundaciones que tantos quebraderos de cabeza dan a los agricultores. Las granjas verticales terminan con todos ellos.

Los retos que plantean

Sin embargo, un proyecto tan ambicioso como este también plantea unas serie de dificultades importantes.

La primera de ellas tiene que ver con los recursos económicos necesarios para hacer realidad una de estas granjas verticales. Como ya hemos explicado, estos edificios se basan en tecnología punta que requiere de una importante inversión económica al alcance de pocos.

Además, llevar con éxito una de estas granjas verticales requiere de una preparación técnica muy importante y multidisciplinar, que implica a arquitectos, biólogos y agrónomos por igual. Todo esto encarece la producción de alimentos y limita la capacidad de los emprendedores para encabezar su propio proyecto empresarial basado en este tipo de agricultura.

En BBVA con tu empresa | Las oportunidades de la agricultura urbana


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